Un niño explica la diferencia entre su madre “pobre” y su padre rico

El dinero resulta ser algo que para muchas personas es importante. La gran mayoría de las cosas que existen

en este mundo tienen precios y se pagan sólo con dinero.

Algunas personas crecer creyendo que el dinero es lo más importante y que todo puede ser comprado con él. Pero también hay personas que tuvieron la dicha de ser millonarias y han entendido que, en este mundo, hay cosas que no tienen precio.

La felicidad, el amor, la gratitud, la tranquilidad, son algunas de las cosas que el dinero no puede comprar, por más que lo intente. Sin embargo, hay quienes también piensan que es mejor estar triste en una mansión, en lugar de una pequeña casa.

En esta ocasión, lo que deseamos es darte un poco a entender que, muchas veces, el dinero no es lo que más importa en la vida. Algo que, sin duda, a veces necesitamos recordar.

Las diferencias de un padre rico y uno pobre

Un joven creció con padres divorciados, uno con mucho dinero y la otra con poco. Aquí te traemos una carta que el joven escribió:

“Mi padre posee un sueldo de unas ocho cifras, mientras mi madre tiene uno de 26,000 euros por año. Mi madre se quedó con mi custodia una vez que se divorciaron. Yo visitaba la casa de mi papá cada dos semanas y podía tener todo lo que deseara.

Cuando cumplí los 17 años, pedí para mi cumpleaños una motocicleta de agua, un regalo mucho más caro que los que acostumbraba a pedir. En dos semanas la motocicleta de 15,000 euros llegó.

Hace unos dos años mi madre creó una cuenta conjunta para los dos y, cada vez que se hacía un gasto, me llegaba un correo con la información.

Cuando le pedí a mi madre una computadora que costaba unos 600 euros, le prometí a mi madre que le ayudaría en la casa y empezaría a trabajar para pagarle el monto.

Al otro día me llegaron dos emails, en uno se me notificaba de un gasto de 1500 euros y en el otro un aviso de que había un sobregiro por 1350 euros.

Nunca le dije a mi mamá que a mí me llegaban esos correos y ahora me alegra jamás haberlo hecho. Ella me demostró su amor dando hasta lo que no tenía para ayudarme.

Pagué la deuda en más de tres meses; luego mi madre enfermó de gravedad y tuve que dejar el trabajo. Ahora estoy en la universidad y voy una vez al mes, en un viaje de cinco horas en tren, a casa para ayudarla en todo lo que necesite.

Nada de lo que mi papá me ha regalado se puede comparar con lo que mi mamá me ha enseñado. El dinero no lo es todo en la vida”.

Sin duda, una muy buena reflexión.